Archivos Mensuales: junio 2014

Juan Carlos I abdica, científico solicita el puesto de trabajo

Ante la abdicación de nuestro monarca y bajo la sospecha de que al puesto vacante no se le aplicará la habitual tasa de renovación funcionarial del 10%, he decidido presentarles esta misiva con las cualidades, que bajo mi humilde opinión, me hacen un candidato más que apto para al puesto de Jefatura de Estado.

No sé si que quieren mantener ese privilegio injustificable que supone ocupar lugares públicos por herencia; o están esperando a publicarlo en el BOE. Sea como fuere, dada la premura que requiere la función y embriagado de su tan demandado optimismo, he decidió enviar la presente carta de presentación por si tuvieran a bien reconsiderar tal vestigio feudal.

No es que no me guste la ciencia, me apasiona; pero tal como se están llevando las políticas, el futuro de los científicos (y no científicos) españoles no es muy halagüeño, y creo que ocupando ese lugar podría ayudar a ampliar la visión y aportar nuevas ideas. Es por ello que les voy a detallar mis aptitudes y experiencia:

Siendo la poligamia condición que, a juzgar por la historia de la monarquía de nuestro noble Reino, parece indispensable para el cargo, estaría encantado de tener el tiempo necesario para cumplir dicha condición. A pesar de cierta insistencia de algunas de mis parejas, mi compromiso con las libertades amatorias, y, sobre todo,  las jornadas de trabajo de 12 horas han hecho que mantener pareja estable sea prácticamente imposible. Por ello cualquier cópula, ocasional, oficial, o extraofical será bienvenida y tomada con la mayor de las diplomacias tal y como el puesto precisa.

No tengo experiencia militar, aunque llevo bata como uniforme y estoy acostumbrado a obedecer órdenes de superiores públicos que, a menudo, no tienen razón. Tampoco gozo de la afición de cazar elefantes, pero de ser preciso el desarrollo de las artes cinegéticas para el desempeño de tan noble cometido, creo que en un par de años más sería ya capaz de dar en el ojo de un ratón con 200 microlitros de agua disparados desde una pipeta; a 5 metros de distancia.

He dado clases, conferencias y charlas durante años, por lo que me veo con capacidad para afrontar la responsabilidad de tan influyente y determínate tarea como es la de enviar un hondo y afectuoso mensaje a mis potenciales súbditos cuando celebremos la Navidad. De hecho me llenaría de orgullo y profunda satisfacción.

Ni tengo barco ni experiencia en vela, aunque bribones conozco unos cuantos a los que a gusto mandaría a tomar viento.

Del esquí, y con mi mayor rigor científico, poco puedo decir, no he podido disfrutar de tan estimulante actividad, aunque sí que he sentido el abismo deslizándose a mis pies, cada vez que cierra un laboratorio, retiran una beca, o un alumno se va porque no puede pagar 400 euros de matrícula.

No he desarrollado la misteriosa habilidad de controlar mi equilibrio para disponer de oportunas caídas en momentos clave. De hecho he superado hasta ahora todas las zancadillas que la administración tuvo la voluntad de imponer a los jóvenes científicos. Es precisamente por ello me veo capacitado para sacar el máximo partido a mi torpeza.

Aquí quedan las cualidades que mantendría, pero es que además mi contratación para el puesto supondría numerosas ventajas.

Como científico tengo un gran espíritu de sacrificio, y creo que mi vocación universal queda más que demostrada. Así que no sólo me preocuparía del bienestar de los españoles, que también, sino de los que están al otro lado de la valla de Melilla y en cualquier otro confín.

Renunciaría al Palau de Marivent y sus 21 empleados, e incluso al palacio de la Zarzuela, no sabría qué hacer con tanto espacio y empleado, es comprensible que así la gente se vuelva derrochadora. Me veo capaz de reducir el presupuesto de la casa real de los 100 millones de euros, que se calcula ahora, a menos de un 1%. En esto he ganado mucha experiencia durante los últimos años, tano en el laboratorio como en casa.

Contemplando el hipotético y deseado escenario que consideren mi candidatura; y ante la previsible injerencia de preguntar por el azul de mi sangre, diré en mi defensa que precisamente ha sido la consanguinidad la que ha provocado problemas en el pasado. Sin querer hacer referencia a mis competidores, decir en mi favor que gozo de gran diversidad genética. Soy mezcla de gallegos, murcianos, catalanes, aragoneses, y navarros. Si aún así quedara algo de inquietud en sus requerimientos de realeza, les traslado mi aprobación al matrimonio con una princesa, aunque sea de conveniencia. Reitero fervientemente que no soy monógamo.